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Fabio Andres Montoya

29 de oct. De 2019 

En una noche para exaltar el valor de la microempresa, conocimos a Elmer y Germán, quienes trabajamos sembrando coca y hoy se dedicamos a la producción, transformación y transformación del cacao liderando modelos asociativos; o Arcadio, que cuando fue raspachín de coca, la señora que alimentó el campamento le dijo: «mijo, para que no tenga que vivir de esto toda su vida, venga le enseño a confitar maní». Estuvo Natalia, lo que llamamos una agro-milenaria, quien fácilmente podría estar trabajando en una empresa en Medellín y que decida quedarse en Campamento, Antioquia, para trabajar en la agroempresa familiar de panel y ayudar a liderar una asociación de paneles para incorporar tecnologías y buenas prácticas.

Esas y otras historias nos conmueven cada año en el Famiempresario Interactuar del Año, un espacio que la ciudad ha institucionalizado, donde celebramos y visualizamos la microempresa como un motor de desarrollo económico y social para el país.

Los 24 finalistas tienen algunos rasgos comunes. Primero, su mentalidad, independiente del tamaño, deben tener dueños y gerentes de sus empresas, tomar decisiones, hacer cambios, buscar mercados, invitar a crecer. Otro rasgo fue la sensibilidad social, de alguna manera tienen elementos de carácter social en su propuesta de valor; destaco la asociatividad rural, entienden que es el mejor camino para desarrollar el agro, sus comunidades y generar más ingresos familiares. Para otros su aporte social es priorizar la contratación de trabajadores en condiciones de discriminación, como por ejemplo, Bebés Estrella confecciona sus pijamas con reclusos de Bellavista. Un tercer rasgo fue la innovación, vimos a muchos de ellos analizando detenidamente el mercado para desarrollar productos con una propuesta de valor diferenciada. Por ejemplo, Fryscol,

Colombia es un país de microempresas y creo que nos falta como sociedad entender más su valor y capacidad para generar desarrollo económico y social; definitivamente tienen una oportunidad para que se formalicen, pero la formalización también tiene su caso de negocios, el cual es muchas microempresas hoy no les da. ¡Hagámoslo que sea factible! ¿Cómo? Haciéndolo más simple y barato.

Ese caso de negocios es un marco normativo y fiscal que responde a tres principios: simplicidad, gradualidad y proporcionalidad. Una de las constantes excusas de nuestros empresarios para formalizarse es la dificultad para cumplir con la tramitología: “que el PILA”, “que el pago del IVA anticipadamente”. Necesitamos quitarle fricciones al sistema, el Régimen Simple Tributario es un buen ejemplo de estos tres principios, pero necesitamos más. La gradualidad y proporcionalidad tienen que ver con la «factibilidad» de ser formal. Ser formal es muy costoso en lo normativo y fiscal; vemos una oportunidad en disminuir los costos «legales» de un negocio y que a su vez estos vayan llegando a las tarifas establecidas gradualmente y proporcionalmente en la medida que el negocio dé para ello.

Por los grandes números que maneja la microempresa, cualquier apalancamiento macro que logremos puede repercutir en las grandes cifras económicas del país. Una cuenta de servilleta, si el 10% de las microempresas del país crea cada una en un solo empleo, la tasa actual de desempleo se reduciría en un 19%.

El evento lo cerró un presidente Duque comprometido con el desarrollo de la microempresa y diciendo: «estas historias son alimento para el alma» y así es.

 

https://medium.com/@elmontiz

 

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